Hidroeléctricidad y minería: un cóctel genocida en el amazonas *

Escribí esta nota a título de reflexión y motivado en la que escribiera la escritora, reportera y documentalista Eliane Brum intitulada “En el fin del mundo de Alice Juruna existe la Peppa Pig” y que –usando como disparador la transformación del estilo de vida de una niña indígena- refiere al impacto que sobre las comunidades indígenas de la Vuelta Grande del Río Xingú en el corazón del Amazonas, generan la puesta en marcha de una central hidroeléctrica y un proyectado emprendimiento minero. * Nota escrita en Julio de 2017.

* Nota escrita en Julio de 2017

Escribo esta nota a título de reflexión y motivado en la que escribiera la escritora, reportera y documentalista Eliane Brum intitulada “En el fin del mundo de Alice Juruna existe la Peppa Pig” y que –usando como disparador la transformación del estilo de vida de una niña indígena- refiere al impacto que sobre las comunidades indígenas de la Vuelta Grande del Río Xingú en el corazón del Amazonas, generan la puesta en marcha de una central hidroeléctrica y un proyectado emprendimiento minero.

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En la foto Alice Juruna, en una fotografía de 2015, salta para sumergirse en el río Xingú. Foto LILO CLARETO.

Cuando la ilusión de “progreso” que se les vende a los blancos citadinos destruyendo los ecosistemas y los hábitats naturales es –además- a costa de sacrificar los estilos de vida de las comunidades indígenas y de la vida misma en su más amplia expresión (que excede largamente la propia existencia humana), es doblemente indignante. Máxime cuando ese paradigma de “progreso” viene de la mano de la izquierda progresista devenida en extractivista y neodesarrollista como –en este caso- el PT de Brasil cuando estuvo en la cima del poder y que se supone debió representar y defender a los sectores más débiles de la sociedad y no los intereses económicos de las grandes corporaciones, como claramente lo ha hecho en este caso.

Los niños indígenas y sus familias de la Vuelta Grande del Río Xingú, que antes vivían felices en sus comunidades a orillas del río, hoy –por la construcción de la central hidroeléctrica Belo Monte- están condenados a vivir en casas y ambientes que le son absolutamente extraños, mirando televisión basura y comiendo comida chatarra (“…Los pequeños jurunas no tienen río, no tienen selva, no tienen peces, y muchas posibilidades de no tener futuro. Pero los niños jurunas tienen a la Peppa Pig”, dice la autora de la nota); además del espanto de sentirse expuestos permanentemente a una catástrofe frente a la amenaza latente de ruptura de la presa y la angustia que les genera el anuncio de la puesta en marcha de Bello Sun, un emprendimiento minero que –inevitablemente- traerá más y más destrozos y desastres socio-ambientales.

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En una foto del 24 de marzo de 2017, Alice (sentada) ve dibujos animados en la televisión, hoy principal diversión de los niños indígenas, que tienen prohibido acercarse al río. LILO CLARETO

Es lindo apretar una perilla y tener luz y disponer de acondicionadores de aire, calefactores y todos tipos de artefactos del hogar activados por electricidad, pero tenemos que ser muy conscientes que –en virtud de estas matrices energéticas alimentadas fundamentalmente por centrales hidroeléctricas- el confort de muchos es a costa del sufrimiento directo de muchos otros a quienes se le destruyen sus hábitat ancestrales y se los condena al exilio interno, yendo las más de las veces a parar a las villas miserias de las grandes ciudades donde quedan presos del narcotráfico y rehenes de los “planes sociales”.

Esto mismo lo vivimos aquí en la Argentina con la explotación minera y fundamentalmente con la agricultura industrial que ha arrasado con la vida rural y condenado a millones de personas a sufrir el destierro y sobrevivir en la pobreza y la marginalidad de esos asentamientos precarios (las villas miserias) al tiempo que alimentándose en comedores comunitarios a base a la misma soja transgénica que los expulsó de sus territorios y que se produce para alimentar los cerdos de china. Todo lo cual representa una afrenta a la dignidad humana que nos debería avergonzar como sociedad.

Volviendo al meollo de esta nota, debo recordar que en buena parte del mundo –fundamentalmente en Europa- las centrales hidroeléctricas –cuyas construcciones representan además una fuente de corrupción descomunal- están siendo desactivadas por ineficientes y por los altas costos de tipo socio-ambiental que traen aparejadas y sustituidas por fuentes alternativas de generación de energía como la eólica, la solar o la hidrocinética.

Todos estamos tentados a morder siempre la zanahoria con que nos tienta el capitalismo creándonos permanentemente necesidades cuya satisfacción están motivadas por los niveles de confort que la evolución de la humanidad nos va imponiendo para hacernos –conscientes o inconscientemente- cómplices de un sistema donde unos pocos ganan y disfrutan de mucho y muchísimos deben conformarse con muy poco o nada.

“El mundo es suficientemente grande para satisfacer las necesidades de todos, pero siempre será demasiado pequeño para satisfacer la avaricia de algunos pocos” nos decía Mahatma Gandhi. Y con la construcción en Brasil de la represa de Belo Monte para satisfacer –fundamentalmente- la insaciable demanda energética de la industria brasileña, están alimentando la avaricia de esos pocos a que hacía referencia el líder pacifista indio, al tiempo que asestándole otro golpe mortal a unos de los principales pulmones verdes del planeta como es el Amazonas.

Los mismos intereses capitalistas rapaces de los agronegocios que hace 30 años asesinaron al activista ecologista Chico Mendes, son los que hoy están matando en vida a los indígenas de la Vuelta Grande del Río Xingú en una espiral de devastaciones que pareciera no tener fin en ese reservorio natural que oxigena el planeta –como es el Amazonas- y que debiera preservarse a rajatablas de voracidad de intereses mezquinos y angurrientos.

El propio Papa Francisco en un pasaje de su encíclica “Laudato Sí” (Sobre el cuidado de la Casa de Todos) dice que “…las comunidades aborígenes con sus tradiciones culturales… no son una simple minoría entre otras, sino que deben convertirse en los principales interlocutores, sobre todo a la hora de avanzar en grandes proyectos que afecten a sus espacios. Para ellos, la tierra no es un bien económico, sino don de Dios y de los antepasados que descansan en ella, un espacio sagrado con el cual necesitan interactuar para sostener su identidad y sus valores. Cuando permanecen en sus territorios, son precisamente ellos quienes mejor los cuidan. Sin embargo, en diversas partes del mundo, son objeto de presiones para que abandonen sus tierras a fin de dejarlas libres para proyectos extractivos y agropecuarios que no prestan atención a la degradación de la naturaleza y de la cultura”.

Pese a todo, confío sin embargo en que -en algún momento de la existencia- la humanidad evolucionará en un sentido positivo y con sus acciones le pondrá fin a esta destrucción demencial de la casa de todos que es el planeta tierra, y sentará en el banquillo de los acusados a los responsables de estos verdaderos crímenes de lesa humanidad.

¡Que así sea!

✍🏻 José Luis Siviero

Para leer la nota de Eliane Brum, hacer clic aquí: https://elpais.com/internacional/2017/04/05/america/1491400046_168898.html

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José Luis Siviero
José Luis Siviero

Rebelde sin pausa, Ecologista y apasionado por la Naturaleza y la Vida Rural.
Despunto el vicio de escribir.

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